Trabajo duro y complicado

 Hasta hace un mes no sabía lo complicado que era hacer una ilustración para tu propio libro, pero ahora lo entiendo de primera mano. Y es duro y difícil.

El 1 de enero de este año nuevo que acaba de empezar, me propuse crear un relato para San Valentín (aunque en realidad ahora van a ser cuatro, San Valentín, Verano, Halloween y Navidad) y me dije: ¨¿Porqué no intentas hacer la ilustración de la portada?¨ Yo...que no sé dibujar, pero lo hice. Me senté delante de un folio en blanco, busqué inspiración en Pinterest y cogí el lápiz.

Fue lo peor. Borraba una vez, una segunda, una tercera... los ojos del personaje femenino no quedaban bien, el pelo del personaje masculino era un caos...y no entendía porqué, en mi cabeza todo era perfecto. Y luego venía la digitalización. ¿Cómo se supone que iba a hacerla? Por suerte, tengo a mi mejor amigo (¡Hola, Zeus!) que el hace maravillas con eso y se ofreció a ayudarme, así que por esa parte sé que las ilustraciones van a salir perfectas.

El caso, es que hace unos meses me puse en contacto con una de mis ilustradoras favoritas para preguntarle qué precio tenía trabajar con ella. Me dio un precio demasiado alto para mi y en ese momento pensé: ¨Madre mía como se pasan¨, pero ahora lo entiendo perfectamente. No es solo un dibujo que haces así de la nada y listo. No, detrás de esa ilustración perfecta que ves en los libros hay mucho trabajo. Horas y horas dibujando, pensando en la idea, buscando inspiración, soportando dolores de espalda, cabeza y manos, y muchos días agotadores. Y todo eso sin contar que la persona que te lo haya pedido puede gustarle o no el trabajo que has hecho.

Por eso, desde ahora, pensaré diferente y rectificaré en lo que ya una vez dije. Tenemos que apoyar el trabajo de los demás. Ya sea ilustradore, escritore, editore... nunca sabes el trabajo que hay detrás hasta que lo vives en tus propias carnes.


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